Caos histórico y (r)evolución filológica ante el uso del árabe  en la España islámica (711- 1492)

 

Loreto Catoria

Los siete siglos de presencia islámica dominante en la Península Ibérica (r. 711-1492) no pasaron sin dejar huellas lingüísticas en un territorio en el que hasta la llegada de las tropas norteafricanas se hablaba una variante lingüística próxima al romance.  Después de que el jefe militar beréber, Tarik Ibn Ziyad (m. 720), venciera al rey visigodo Rodrigo (r. 709-711) en el año 711, casi todo el territorio ibérico cayó en manos del gobierno islámico, extendiendo consecuentemente el uso de la lengua estandarte del Islam:  la lengua árabe.

            Es en este punto de la historia donde el enigma de la distribución geográfica del árabe y del romance empieza a surgir.  ¿Hubo un desplazamiento inmediato de la lengua romance en favor de la lengua árabe?  ¿Coexistieron el árabe y el romance dando lugar a comunidades bilingües?  O, ¿fue el romance una lengua que dominó al árabe durante el período islámico español?  Estas preguntas que en apariencia debieran ser respondidas fácilmente nos llevan a un debate entre intelectuales de los siglos XVII y XVIII, por una parte, y académicos de los siglos XIX y XX, por otra.  Los primeros defendieron el uso exclusivo de la lengua árabe en toda la península excepto en unos territorios del norte, mientras que los investigadores de siglos posteriores negaron tal extensión y dominancia del árabe y abogaron por la continuidad y supremacía absoluta de la lengua romance durante toda la Edad Media.

            ¿A qué se deben estas opiniones divergentes?  En la mayor parte de los casos, la divergencia ha sido el resultado de malinterpretaciones involuntarias de las fuentes textuales, y en otras ocasiones las opiniones contrarias aparecieron con el propósito deliberado de transmitir ideologías nacionalistas y anti-islámicas.  Estas tendencias en la investigación nos han hecho creer que en la España medieval la lengua de la religión cristiana, el latín y posteriormente el romance, nunca fue dominada por la lengua del Islam. 

            Los primeros indicios que apuntan al uso predominante de la lengua árabe en la península llegaron en el siglo XVII de la mano del historiador árabe argelino Ahmed al-Makkari (m. 1632).  En su obra histórica sobre las dinastías islámicas de España contó que tanto los árabes como las comunidades cristianas escribían bien en árabe, dándonos a entender por lo tanto que el árabe era la lengua predominante de Al-Andalus.

            En esta línea se postuló también Juan de Mariana (1536-1624), historiador español del siglo XVII, quien defendió la tesis pro-árabe basándose en el hecho de que la Biblia fue traducida al árabe porque la lengua latina había desaparecido, y el romance español de los cristianos empezaba a perderse.  Así lo explicaba en su Historia de España publicada en 1601:

Juan Hispalense tradujo la Biblia en lengua arábiga con intento de ayudar a los cristianos y a los moros, a causa que la lengua arábiga se usaba mucho y comúnmente entre todos; la latina ordinariamente ni se usaba ni se sabía (ctdo en Thompson 1969: 16).                   

            De igual manera, el lingüista español Bernardo Aldrete (m. 1645) mantuvo en el siglo XVII la teoría de la decadencia del latín y del romance español en favor del uso de la lengua árabe por parte de los cristianos que vivían bajo dominio musulmán.  La posterior expansión e implantación del romance se habría debido a la labor de los cristianos refugiados en territorios del norte.  En su obra del 1606, titulada Del origen y principio de la lengua castellana o romance que oi se usa en España, defendió su tesis de la siguiente manera:

No había más que ciento y treinta años de la pérdida de España, y los nuestros aún sin haber dejado la fe, hacían ventaja en la lengua arábiga a los mismos Moros.  (141)

            Estas opiniones, basadas mayormente en ideologías particulares, pasaron a adoptar un carácter más objetivo en el siglo XVIII con el orientalista español José Antonio Conde (1766-1820).  Conde (1820) estudió los decretos establecidos por el Emir Hisham I (r.788-796)  a finales del siglo VIII, y comprendió que las prohibiciones de uso de lenguas que no fueran el árabe y la enseñanza de esta lengua en las escuelas cristianas confirmaba el papel secundario que debió tener el romance español en esa época.

            Un siglo más tarde, esta tendencia pro-árabe empezó a perder auge y dio paso a corrientes ideológicas de pensamiento no sólo pro-romance sino también anti-árabe y anti-Islam, que durarían hasta mediados del siglo XX. 

El precursor de la corriente en favor del romance fue el hispano-arabista Francisco Javier Simonet (1829-1897), quien no tuvo reparo a lo largo de su vida académica en arremeter contra culturas y religiones no cristianas de la Península Ibérica. [1]   En relación al asunto de la expansión lingüística del árabe y del romance, Simonet (1888) abogó por la dominancia exclusiva de esta lengua indoeuropea basándose en la cantidad de romancismos encontrados en la lengua árabe; la existencia de palabras romances como ištarānī ‘extranjero’ y bilgrī ‘peregrino’ en la lengua árabe sólo podía explicarse, según Simonet, como resultado de una situación lingüística en la que predominaba el romance. 

            La tendencia pro-romance continuó en el siglo XX, haciéndose más radical en los estudios  de eruditos como Julio Cejador y Frauca (1864-1927), Ramón Menéndez Pidal (1869-1968) y Claudio Sánchez Albornoz (1893-1984).  El filólogo español Julio Cejador y Frauca (1932), el cual consideraba a los árabes como parte de una civilización barbárica, adoptó la misma posición que Simonet, aduciendo que el hispano-romance había conseguido sobrevivir e incluso florecer en muchos territorios de la España islámica.  El desprecio de Cejador y Frauca hacia la cultura islámica se dejaba ver en expresiones tales como, “la literatura castellana no debe nada a la arábiga” (I: 108).

En esta línea de pensamiento se encuentra también el historiador Andrés Giménez Soler (1869-1938), quien negó cualquier influencia lingüística del árabe en la lengua española, incluso a nivel léxico, apoyándose en lo que él consideraba la pobreza cultural de la civilización islámica.  En su obra La España primitiva según la filología, publicada en 1913, lo explicaba de esta manera:

     No es posible que un pueblo metido en desiertos tuviese palabras que expresasen navegación y comercio marítimo; cultivo e industria […].  Si el árabe no sabe lo que son las acequias, su lengua no puede tener voz para designarlas.

     El árabe no pasó de idioma oficial y como lengua de uso común no logró imponerse al pueblo, ni a la gente culta, ni dominó en el propio palacio de los Omeyas ni aun en la época de mayor esplendor de la dinastía.  (15)

En 1929, y aprovechando la decadencia de la Segunda República del dictador Miguel

Primo de Rivera (r. 1923-1930), el historiador y filólogo Ramón Menéndez Pidal (1929) pidió en su obra La España del Cidla subida al poder de una figura político-militar que gobernase España de la misma manera que El Cid literario lo hiciera en la Edad Media.  Menéndez Pidal vio cumplido su deseo cuando en 1939 el líder militar Francisco Franco (r. 1939-1975) se convirtió en Jefe de Estado de la nación española.  Menéndez Pidal pasó a ocupar entonces una posición de prestigio entre las clases militares que gobernaban con Franco, de tal manera que todo lo que él argumentaba era considerado material normativo.  Sin embargo, a pesar de la magnífica labor del erudito español en el ámbito académico, lo cierto es que algunas de sus teorías se han dejado llevar demasiado por el fervor político del régimen al que sirvió, hasta el punto de ver pruebas históricas donde no podían existir.

            En el tema de la expansión del árabe y del romance, Menéndez Pidal (1950) defendió obviamente la tendencia del mantenimiento del romance por parte de los cristianos de Al-Andalus, según un documento que contiene la descripción de las obras de construcción de una iglesia sevillana en 1214.  Menéndez Pidal señaló que algunas partes de este documento estaban escritas en romance, lo cual probaba la presencia dominante de esta lengua, y no del árabe, entre los cristianos andalusíes.  Sin embargo, el estudio que realizó Julio González (1951) sobre los cristianos de Sevilla cuestionó la autenticidad de esta inscripción porque, en primer lugar, la construcción de iglesias en la Sevilla del 1214 estaba prohibida, y, en segundo lugar, porque las líneas finales de la inscripción parecían estar escritas en castellano y no romance, algo muy común en el siglo XIV (306).  Estos datos harían adelantar la fecha un siglo más tarde, durante una época en que el arzobispo de Toledo estaba repoblando aquellos pueblos.  En la fecha de la inscripción, es posible que se omitiera una C romana, lo cual convertiría la fecha en el año 1314.

            El político e historiador español Claudio Sánchez-Albornoz (1960) quien se autodenominaba “un español demócrata, liberal, católico, socializante”, consideró el fenómeno de la islamización peninsular como un proceso muy lento que no influyó en la cultura vernácula de la península, puesto que tanto cristianos como musulmanes hablaron la lengua romance. [2]   Apoyó sus ideas en varios pasajes de la obra Libro de los Jueces de Córdoba del jurista tunecino Ibn Harit al-Jushani (m. 971), de mediados del siglo X, el cual relataba lo siguiente: “Había en Córdoba un hombre que hablaba sólo en romance” (227).  En otro pasaje, al-Jushani escribió sobre las personas que acudían a hablar con el califa Abd al-Rahman III:

A estos señores que hablan en romance, los cuales solamente se han rendido o capitulado mediante pacto, no se les debe tratar con desdén.  (228)

Con esta mínima información, Sánchez-Albornoz llegó a la siguiente conclusión acerca del uso general del romance y del árabe en la península:

Durante el reinado del califa [Abd al-Rahman III] (r.912-966), todos en la España musulmana hablaban el romance, incluso el califa y los nobles de estirpe oriental, quienes al cabo de más de dos siglos de enlaces sexuales con las mujeres peninsulares,

apenas sí tenían algunas gotas de sangre no española.  (143)

            Por último, contamos con las aportaciones investigadoras de Arnald Steiger (1896-1963), hispano-arabista originario de Suiza.  Steiger (1967) estudió la relación entre la interacción social cristiano-musulmana y el uso de las lenguas, y determinó que la convivencia entre estas comunidades debió reflejarse lingüísticamente por medio del bilingüismo árabe-romance.  Los hijos de matrimonios mixtos, según Steiger, hablaban romance sólo en el entorno de la casa y la lengua árabe en el resto de situaciones.  El uso del árabe en la península estaría tan extendido que hasta las comunidades cristianas adoptaron esta lengua (95-96).  Steiger apoyó sus teorías con documentos hallados en monasterios y palacios que muestran cómo los cristianos que emigraron a los territorios del norte, en la segunda mitad del siglo IX, hablaban árabe.

            Ante tanta diversidad de opiniones no nos queda más remedio que buscar fuentes alternativas que nos ayuden a demostrar que la lengua árabe se usó en la Península Ibérica en calidad de lengua dominante por lo menos durante los primeros siglos de gobierno islámico.  Uno de estos recursos es la numismática.  ¿Qué nos dicen las monedas acerca de las lenguas en uso?  Las monedas representan un testimonio directo de la historia, en lugar de una interpretación indirecta de fuentes como ocurrió en el caso de historiadores y filólogos que trataron este tema.  La España islámica vio la acuñación de tres tipos de monedas según el grado de islamización de cada época: primero se acuñaron monedas en latín, entre los años 711 y 714 , después hubo monedas bilingües árabe-latín, entre el 716 y el 717, y finalmente, están las monedas con grafía árabe que empezaron a acuñarse en Al-Andalus en el año 720 (Balaguer 1976: 27).  Este desarrollo lingüístico en las monedas apoyaría la teoría de Steiger (1967) de un proceso gradual de cambio lingüístico del romance hacia el bilingüismo árabe-romance.

Otro testimonio que prueba la predominancia de la lengua árabe se encuentra en los escritos de los mártires cristianos de Córdoba del siglo IX, los cuales fueron asesinados por blasfemar contra la religión islámica.  El lamento de uno de ellos, Álvaro, en su Epistolae Indiculus Luminosus es un reflejo del cambio lingüístico que empezaba a producirse:

Muchos de mis compañeros cristianos leen poemas e historias de los árabes y estudian las escrituras de filósofos y teólogos árabes, no para rebatirlos sino para expresarse de la forma más elegante y correcta en la lengua árabe.  ¡Ay!  Todos los jóvenes cristianos que se hicieron notables por sus talentos saben sólo la lengua y literatura de los árabes  (ctdo en Nakosteen 1964: 8). 

Otro de los mártires cristianos, Eulogio, cuyo cuerpo se encuentra enterrado en la Catedral de Oviedo, menciona en sus escritos cómo muchos de estos mártires eran hijos de madres cristianas y padres musulmanes, y crecieron hablando árabe y estudiando la doctrina islámica (Wolf 1988:26-27). [3]   Estas manifestaciones lingüísticas del siglo IX estarían en acorde con el resultado esperado de la política “árabe y nada más” del Emir Hisham I, impuesta a finales del siglo VIII.

Por último, está el asunto de los mozárabes [4] o cristianos que vivieron bajo dominio musulmán.  A pesar de que Simonet, Menéndez Pidal y otros, defendieron el uso fidedigno de la lengua romance por parte de los cristianos, lo cierto es que hay documentos que prueban que cristianos de ciudades islámicas como Toledo, Zaragoza, Valencia, Córdoba y Granada hablaban y escribían exclusivamente en árabe.

De la comunidad mozárabe de Toledo, por ejemplo, nos han llegado unos 1.200 documentos legales de los siglos XII y XIII, escritos mayoritariamente en árabe vulgar.  Sólo unos pocos fueron escritos en romance.  Los documentos son de diversa índole, e incluyen títulos de propiedades, préstamos y censos, entre muchos otros.  El hecho de que estos documentos aparezcan predominantemente en árabe muestra que durante esos dos siglos las comunidades cristianas toledanas consideraban el árabe como su lengua primordial.  A partir del siglo XIII, la lengua árabe en Toledo perdió fuerza debido al proceso de estandarización del castellano promovido por el rey Alfonso X El Sabio (r.1252-1284).

Otro ejemplo de fuente directa que prueba el uso del árabe por parte de los mozárabes lo encontramos en la Primera Crónica General de Alfonso X, en la cual se explica que cuando Rodrígo Díaz de Vivar (m. 1099), El Cid, llegó a Valencia para conquistarla había personas que hablaban árabe que fueron utilizadas en las labores militares de los cristianos contra los musulmanes:

Aquellos omnes porque fueran criados con los moros e fablavan assy como ellos […] por esso los pusiera en aquel lugar (ctdo en Thompson 1969: 153).

En Zaragoza, el poeta y filósofo judío Salomón Ibn Gabirol (m. 1058) comunicó, de la siguiente manera, la necesidad de escribir una gramática hebrea en 1039 ya que su comunidad parecía sólo saber el romance o el árabe: 

Los unos hablan la lengua de Edom [la de los cristianos, el romance] y los otros la lengua de Qedar [el árabe] (ctdo en Millás Vallicrosa 1945: 49).

Esta declaración da muestra de la presencia de la lengua árabe con un estatus similar al del romance en comunidades que vivían bajo poder islámico.  El árabe dejaría de hablarse en esta ciudad a partir del siglo XVI.

Por medio del estudio de estas fuentes directas se puede empezar a dar respuesta al enigma lingüístico de la España islámica.  ¿Hubo un desplazamiento inmediato de la lengua romance en favor de la lengua árabe?  Ciertamente en algunos lugares, como indican los testimonios de los mártires de Córdoba del siglo IX y los documentos de los mozárabes de Toledo de los siglos XII y XIII.  ¿Coexistieron el árabe y el romance dando lugar a comunidades bilingües?  Las monedas y los matrimonios mixtos son una prueba de ello.  O, ¿fue el romance una lengua que dominó al árabe durante el período islámico español?  El romance se mantuvo con poder en los territorios del norte, y en algunas comunidades cristianas de Al-Andalus, especialmente en áreas rurales (Fierro 2005: 16), pero en las ciudades conquistadas perdió fuerza ante la lengua árabe.

Ahora sabemos que cuando el erudito español Gonzalo Correas (1570-1631) señalaba en el siglo XVII que “los árabes y moros que duraron en España casi ochocientos años no nos mudaron la lengua” (ctdo en Alarcos García 1954: 24), estaba diciéndonos medias verdades, puesto que la civilización árabe sí nos mudó la lengua; tal vez ya no en el siglo XVII ni en el XVIII pero ciertamente en las etapas iniciales del período islámico de la España medieval.

Notas

     [1] En su obra El Concilio III de Toledo.  Base de la nacionalidad y civilización española: “Quedaban  todavía en España los pérfidos judíos [...] entregados al lucro y a la usura [...].  Los crímenes y sacrilegios infames cometidos por esta raza maldita [..]” (LXXXIII).

     [2] Sánchez-Albornoz rebatió la postura de Américo Castro (La realidad histórica de España, 1956) sobre el grado de islamización al que se llegó en la Península Ibérica.  Castro enfocó su tesis en la evidente influencia de la civilización islámica y judía, mientras que Sánchez-Albornoz rechazó tajantemente cualquier influencia que no fuese romana o visigoda.

     [3] Maribel Fierro (2005), sin embargo, argumenta que estos mártires cristianos fueron criados en la doctrina cristiana (15).

     [4] El arabismo “mozárabe” ha dado lugar a múltiples interpretaciones, desde “cristiano arabizado” hasta “cristiano que vivió en territorio islámico”.  En este artículo el término hace referencia a los cristianos de Al-Andalus, sin especificar el grado de arabización que pudieran tener.  Un excelente resumen de la controversia en torno a la definición de esta palabra se encuentra en “Les aspects symboliques du vocable “Mozarabe”, essai de reinterpretation” de Dominique Urvoy.

 

Referencias

Alarcos García, Emilio.  “Una teoría acerca del orígen del castellano.”  Boletín de la Real Academia Española.  3 vols.  Madrid:  Espasa Calpe S.A., 1954.

Aldrete, Bernardo de.  Del origen y principio de la lengua castellana o romance que oi se usa en España.  Roma: Acerca de Carlo Willetto, 1606.

Al-Makkari, Ahmed.  The History of the Mohammedan Dynasties in Spain.  2 vols.  Trans.   Pascual de Gayangos.  New York:  Johnson Reprint Corporation, 1840.

Balaguer Prunes, Anna María.  Las emisiones transicionales árabe-musulmanas de Hispania Barcelona:  Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1976.

Cejador y Frauca.  Historia de la lengua y literatura castellana.  3ª ed.  14 vols.  Madrid: Casa Editorial Hernando, 1932.

Conde, José Antonio.  Historia de la dominación de los árabes en España sacada de varios manuscritos y memorias arábigas.  3 vols.  Barcelona: Imprenta que fue de García, 1820.

Fierro, Maribel.  ‘Abd al-Rahman III.  The First Cordoban Caliph.  Oxford:  Oneworld, 2005.

Giménez Soler, Andrés.  La España primitiva según la filología.   Zaragoza: Tipografía G. Casañal, 1913.

González, Julio.  Repartimiento de Sevilla.  2 vols.  Madrid:  Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1951.

Menéndez Pidal, Ramón.  La España del Cid.  Madrid:  Editorial Plutarco, 1929.

---. Orígenes del español; estado lingüístico de la península ibérica hasta el siglo XI.  3ª ed.  Madrid:  Espasa Calpe S.A., 1950.

Millás Villacrosa, José María.  Selomó Ibn Gabirol como poeta y filósofo.  Madrid:  Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1945.

Nakosteen, Mehdí. History of the Islamic Origins of Western Education: A.D. 800-1350; with an introduction to medieval Muslim education.  Boulder (CO): U of CO Press, 1964.

Sánchez-Albornoz, Claudio.  La España musulmana.  2 vols.  Buenos Aires:  El Ateneo, 1960.

Simonet, Francisco Javier.  El Concilio III de Toledo.  Base de la nacionalidad y civilización española. Madrid: Imprenta de Fortanet, 1891

---. Glosario de voces ibéricas y latinas usadas entre los Mozárabes. Madrid: Establecimiento tipográfico de Fortanet, 1888.

Steiger, Arnald.  “Arabismos”.  Enciclopedia lingüística hispánica.  Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1967.  93-126.

Thompson, Billy B.  “Bilingualism in Moorish Spain.”  Diss.  U of Virginia, 1969. 

Urvoy, Dominique.  “Les aspects symboliques du vocable “Mozarabe”, essai de reinterpretation.”  Studia Islamica 78 (1993) : 117-153.

Wolf, Kenneth Baxter.  Christian Martyrs in Muslim Spain.  New York: Cambridge University Press, 1988.

 

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